martes, 29 de septiembre de 2015

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Había una vez un granjero muy pobre llamado Eduardo, que se pasaba todo el día soñando con hacerse muy rico. Una mañana estaba en el establo- soñando que tenia un gran rebaño de vacas- cuando oyó que su mujer lo llamaba.
-¡Eduardo ven a ver lo que he encontrado! ¡Oh, este es el día mas maravilloso de nuestras vidas! 
Al volverse a mirar a su mujer, Eduardo se froto los ojos, sin poder creer lo que veía. Allí estaba su esposa, con una gallina bajo el brazo y un huevo de oro perfecto en la otra mano. La buena mujer reía contenta mientras le decía:  
-No, no estas soñando. Es verdad que tenemos una gallina que pone huevos de oro. ¡Piensa en lo ricos que seremos si pone un huevo como este todos los días! Debemos tratarla muy bien.  
Durante las semanas siguientes, cumplieron este propósito al pie de la letra. Todas las noches la acostaban en una cama de paja, en un rincón caliente de la cocina. No pasaba mañana sin que apareciera un huevo de oro. 
Eduardo compro mas tierras y mas vacas. Pero sabia que tenia que esperar mucho tiempo antes de llegar a ser muy rico. 
-Es demasiado tiempo- anuncio una mañana- estoy cansado de esperar, esta claro que nuestra gallina tiene dentro muchos huevos de oro. ¡Creo que tendríamos que sacarlos ahora! 
Su mujer estuvo de acuerdo. Ya no se acordaba de lo contenta que se había puesto el día en que había descubierto el primer huevo de oro. Le dio un cuchillo y en pocos segundos Eduardo mato a la gallina y la abrió.  
Se froto otra vez los ojos, sin creer lo que estaba viendo. Pero esta vez su mujer no se rió, porque la gallina muerta no tenia ni un solo huevo.  
-¡Oh Eduardo! ¿Porque habremos sido tan avariciosos? Ahora nunca llegaremos a ser ricos, por mucho que esperemos.  
Y desde aquel día, Eduardo ya no volvió a soñar con hacerse rico. 

EL PATITO FEO 

Había una vez una señora pata que puso que puso muchos huevos, pero uno era completamente distinto, tenia un sin numero de manchitas con lunares, en cambio los otros eran de un solo color, sin manchas ni imperfecciones.
Cuando se rompieron los cascarones, el patito que salio de ese huevo, lucia diferente, tenia la cabeza mas grande, media mas que sus hermanos y sus plumas eran oscuras.


Como todos se burlaban de su aspecto, hasta sus hermanos, el patito decidió irse para que nadie se burle de el. Una mañana hizo un atadito con su ropa y se marcho. Su madre no comprendía porque este hijo era diferente y lamento su partida. 
Así el patito recorrió muchos lugares, hasta encontrarse con el paisaje mas bello que había visto en toda su vida. Llego a una laguna donde nadaban unas aves majestuosas y bellas. Eran tan admiradas por su belleza que posaban para los pintores mas famosos y curiosamente invitaron al patito feo a nadar. 
Sin pensarlo dos veces, el patito se metió en la laguna, y mientras corría al encuentro de estos cisnes blancos como la nieve, sus feas plumas se caían y cambiaban por plumas nuevas hasta que se transformo en otro hermoso cisne blanco.  
Y colorin colorado, el patito feo en un bello cisne se ha transformado.




LA CAPERUCITA ROJA 

Había una vez una niña llamada Caperucita Roja. Un día le dijo su mama: "Caperucita, lleva esta cesta de mimbre con pasteles, a la abuelita que se encuentra enferma, y no te entretengas por el camino porque el bosque es peligroso y anda suelto un lobo. 
CAPERUCITA: ¡Si mama!  
Caperucita se dirigía saltando sin parar y muy feliz a casa de su abuelita, pero de repente, apareció el lobo. 
-¿Donde vas caperucita?
-Voy a casa de mi abuelita a llevar estos pasteles. 
El lobo consiguió mentir a caperucita para que tomara el camino mas largo, y mientras tanto, el lobo cogió el camino corto, para así adelantarse y a comerse a su abuela y a caperucita a su llegada.  
Entonces, cuando el lobo se encontraba durmiendo al lado del río, después de habérselas comido a las dos, el leñador del bosque que había perseguido al lobo, salvo a caperucita roja y a su abuelita, sacándolas dela tripa del lobo. Y al lobo, lo lleno de piedras y lo lanzo al mar.  




LOS TRES CERDITOS